Una vez de un edificio grande, grande, cuando era pequeo, pequeo, la gente rara en las ventanas sonreira en m y llamara.
Y en los jardines wee duros tales hombres agradables azadonaran: el "sir, puede nosotros toca el pelo de la pequea muchacha!" - Era as que rojo, usted sabe.
Me cortaron colorearon asters con esquileos as que agudo y aseado, me trajeron las uvas y los ciruelos y las peras y las tortas bonitas comer.
Y de todas las ventanas, no importa dnde fuimos, los ojos ms felices me seguiran y me haran el elogio.
Haba mil ventanas, enrejadas todo hacia arriba y hacia abajo. Y hasta todas las ventanas, cuando fuimos de nuevo a ciudad,
La gente rara puso sus caras, tan apacibles como podra ser; "venido otra vez, pequea muchacha!" llamaron, y llam detrs, "usted vengo me veo!" |