Usted no vino, y el tiempo que marchaba me dibujó encendido, y usó entumecido. Con todo menos para la pérdida de su presencia querida allí que ése I encontró así carecer en su marca que la alta compasión que puede overbear repugnancia para el motivo de las amabilidades cariñosas puras se afligía I, cuando, como la esperanza-hora frotó ligeramente su suma, usted no vino.
Usted me ama no, y el amor solamente puede prestarle lealtad; el --I lo sabe y sabía. Pero, a el almacén de hechos humanos adivinar en todos sino nombre, era él no digno de una pequeña hora o más para agregar con todo éste: Una vez que usted, mujer, viniera calmar a un hombre tiempo-rasgado; aunque sea usted me ama no. |